But still, life
Cristina Stolhe












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But still, life
Cristina Stolhe
Septiembre 8 - octubre 14

El Chico presenta la primera exposición individual de Cristina Stolhe (Pontevedra, 1993), But still, life.

Desde hace más de un año y medio, el Chico se ha ocupado de revisar las prácticas artísticas de los artistas emergentes en España para tratar de entender a través de ellas qué es lo que culturalmente está sucediendo en nuestros tiempos tan raros y convulsos. También es verdad que por diversos motivos, hemos dedicado una gran parte de este espectro a la pintura, y en el afán de un entendimiento más amplio, es que presentamos nuestra primera exposición de fotografía. Esta exposición nos confronta con varias incógnitas –a las cuales ya estamos acostumbrados y e incluso adecuados– que intentaremos resolver o alimentar en el mejor de los casos durante el tiempo que dure esta exhibición. La primera cuestión y quizás la más evidente, es preguntarnos qué hace la fotografía –entendida como práctica artística– hoy en día, cuáles son sus objetivos y sobre todo, qué es lo que aporta a un ecosistema híper-comunicado.

Para enfrentarnos a la tarea de esta exhibición, hemos tenido que tirar de las herramientas que las anteriores nos han dejado. Nos parece evidente que la generación de Cristina está abordando su realidad de una manera más directa que las generaciones inmediatamente anteriores; probablemente por que su generación no tenga la ventaja de la nostalgia del pasado y el yugo de lo implacable del futuro. Esta condición bien puede entenderse como sombría, pero preferimos dejar a un lado los juicios de valor para poder adentrarnos de la manera más libre en los procesos que estos artistas han echado a andar. A través de los artistas que hasta hoy han pasado por este espacio, hemos no solo aprendido, sino realmente asimilado que la información y su vertiginosa proliferación es un símbolo que está convirtiéndose en artefacto creador a través de las prácticas de los artistas contemporáneos, y más precisamente, de los emergentes. ¿Por qué pintar si tenemos la fotografía?

La pintura es una traducción de la realidad, la fotografía, una manipulación de la realidad; aquí es donde encontramos el meollo, la dificultad y a grandes rasgos, la razón de ambas prácticas. Cuando hablamos de manipulación no estamos haciéndolo de manera peyorativa, sino en un sentido técnico, y a su vez, lo técnico no lo entendemos como perfección formal, sino más bien como un proceso descarnado de representar para otros lo que uno mismo ve, en este caso, la fotógrafa. Esta representación técnica (lo trataremos como un término) es hoy más difícil de lo que lo era en la era pre-digital, pre-internet, y cuando algo se convierte de nuevo en desafiante, es cuando hay que volver a plantearnos la necesidad de hacerlo. Hacer fotografía después de Instagram. ¿Es necesaria hoy una exposición de fotografías que dibujan la realidad de una única persona? Sí, lo es cuando esas fotografías, esas representaciones técnicas de una realidad individual resuenan en la colectividad. Intuimos que para la mayoría, es más fácil entender la mística de la pintura por cuestiones formales, dialécticas, cromáticas incluso; sin embargo y desde nuestra perspectiva, la mística de la fotografía es una que se mantiene celosa de sí misma, de revelarse (valga la redundancia) al primer intento. En nuestra experiencia, la sensación de ser parte de un todo a través de una práctica fotográfica, nos ha sucedido solamente en dos ocasiones, siendo el trabajo de Cristina una de ellas y en esa sensación es donde creemos que radica esa mística etérea.

De una manera estrictamente objetiva, la fotografía es quizás el medio más prolífico en nuestros tiempos, pero más allá de esa objetividad, lo que hemos encontrado en la obra de Stolhe es la capacidad de remontarnos a la importancia del individuo como parte de un todo. Probablemente y con razones justas, esas identificaciones sucederán de una manera más inmediata en espectadores de su generación o de las más cercanas, y también es esto lo que nos impulsa a presentar esta exposición. Hablar del trabajo de Cristina es a la vez fácil y complejo: fácil por que su obra es brutalmente inmediata, complejo por que aún después de asimilar su práctica, no nos sentimos capaces de catalogarla como una fotógrafa a secas. Una vez más, nos sentimos muy cómodos comparando el arte con la hechicería, Cristina –nos atrevemos a decir que sin pretenderlo– es la que conjura a través de sus fotografías esa mística invisible que como un espejo, nos recuerda que aunque seamos individuales, siempre formaremos parte de una misma  vida común a todos. Diferentes bodegones, but still, life.





But still, life
Cristina Stolhe
September 8 - October 14


El Chico presents Cristina Stolhe’s (Pontevedra, 1993) first solo exhibition, But still, life.

For over a year and a half, el Chico has been reviewing the practices of emerging artists in Spain in order to understand what is culturally happening in our rare and convulsive times. For various reasons, we have dedicated a large part of our program to painting. In the quest for a broader understanding, we present our first photography exhibition. This exhibition confronts us with several conundrums – to which we are already accustomed and well suited– that we will try to solve or expand during the course of this exhibition. The first question, and perhaps the most obvious one, is what is photography, as an artistic practice, today? What are its objectives and, above all, what does it contribute to a hyper-communicated ecosystem?

To face this exhibition’s task, we must use the tools provided by the previous ones. It seems clear to us that Cristina’s generation is approaching its reality more directly than the generations immediately preceding; her generation does not have the advantage of a nostalgia of the past nor the yoke of an unforgiving future. This condition may well be seen as bleak, but we should set aside our value judgments in order to enter as freely as possible into the processes that these artists have set in motion. Through the practices of contemporary artists and more precisely, from the emerging artists that have inhabited this space, we have learned that information and its dizzying proliferation is a symbol and creative artefact. Why paint if we have photography?

Painting is a translation of reality, photography is a manipulation of reality; this is where we find the core, the difficulties and, broadly speaking, the reason for both practices. When we speak of manipulation we are not doing it pejoratively, but in a technical sense, and at the same time, we do not view the technical as formal perfection, but rather as a bare process of representing for others what we see for ourselves, in this case, the photographer. This technical representation (we’ll treat it as a term) is more difficult today than it was in the pre-digital, pre-internet era. When a process becomes challenging again is exactly when we need to rethink the necessity of doing it. To make photography after the advent of Instagram. Is it necessary today to have an exhibition of photographs that depict the reality of a single person? Yes, it sure is when those photographs —those technical representations— of an individual reality resonate with the collective. We realise that for the most part, it is easier to understand the mysticism of painting through formal, dialectical, and even chromatic issues; however, from our perspective, the mysticism of photography is more reticent to reveal itself at the first attempt. In our experience, the feeling and realisation of being part of a whole through a photographic practice has happened only on two occasions, Cristina’s work being one of them, and we believe that that ethereal mysticism is lying there, in that feeling.

In a strictly objective way, photography is perhaps the most prolific medium of our times, but beyond that objectivity, what we have found in Stolhe’s work is the ability to go back to the importance of the individual as part of the whole. Probably and with fair reason, this identification will happen more immediately among spectators of her generation or those closest to it, and it’s also this that drives us to hold this exhibition. Talking about Cristina’s work is both easy and complex: easy because her work is brutally direct, complex because even after comprehending her practice, we don’t feel able to categorise her as a mere photographer. Once again, we feel very comfortable comparing art with witchcraft, Cristina – dare we say – is the one who conjures through her photographs that invisible mysticism which, like a mirror, reminds us that even as individuals we will always be part of the same life common to all. Different objects, but still, life.