STP - 001

Amaya Suberviola












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24 febrero - 25 marzo, 2022 


El Chico presenta la primera exposición individual en Madrid de Amaya Suberviola (Navarra, 1993).

La obra de Amaya Suberviola es un ejercicio por responder a tópicos que forman parte de su generación, quizá más relevantes en la suya que en otras anteriores. Amaya forma parte de un grupo de pintores que poco a poco van representando el regreso de la pintura al lugar que intrínsecamente nunca ha dejado de ocupar, pero que en los últimos años ha sido en el mejor de los casos, obviada. Es verdad que con la extensa variedad de medios y facilidades digitales, resulta más fácil hacer interpretaciones de la realidad a través de otros soportes en el arte contemporáneo, como el vídeo o la fotografía. Sin embargo, la pintura,  –así como el dibujo– tienen una suerte de preeminencia por encima de otras prácticas por el simple hecho de ser un ejercicio más inmediato (sin demasiados interventores); esta preeminencia puede jugar a favor y en contra, ya que la misma libertad que tiene el pintor es proporcional a la limitación del medio. Cualquier soporte digital contiene realidad, que es manipulada por el artista, pero la pintura es una traducción a otro idioma completamente distinto: es el artista quien genera esa realidad. Por esta razón, la pintura de Suberviola hace una incisión muy relevante y pertinente en la pintura como representante de nuestro contexto actual.

STP (Sin Título Pantalla) es la nomenclatura para archivar las capturas de pantalla que la artista posteriormente selecciona, prueba y finalmente traslada al lienzo. El juego entre algo tan humano y visceral como la pintura y algo tan tecnológico y aséptico como una pantalla digital, es donde Amaya encuentra su lenguaje y la manera de entenderse y desarrollarse como artista. Cuando nos enfrentamos a los papeles y los lienzos que conforman STP-001, nuestro cerebro intenta aprehender y entender lo que tiene delante, y ese es uno de los mecanismos más preciados de la pintura; para Amaya, estas obras en papel y lienzo bien pueden sustituir la figura que la pintura jugaba hace un par de siglos, una figura que nos acercaba a otras realidades pero en la que siempre debíamos suspender nuestra capacidad de discernir esa realidad: las pantallas digitales son nuestra actual forma de consumirla y STP-001 supone una manera de aprehender sus márgenes.

Por mucho que la pintura sea romantizada, este ejercicio de Suberviola no es para nada romántico, metafórico o metafísico; cualquiera de esas acepciones, si suceden, son responsabilidad del espectador. Amaya responde a la tecnicidad de los medios digitales con la misma moneda, centrándose en las capacidades técnicas de la pintura para representar una existencia dada. Lo interesante de este juego es la complicidad que como espectadores intuimos, al vernos representados en esas capturas de pantalla que se superponen unas a otras –como hacemos en nuestros ordenadores– pero que no nos muestran nada y nos dejan a nuestro albedrío para reflexionar sobre cómo consumimos nuestro entorno, y si vamos un poco más lejos, cómo entendemos nuestra propia realidad.

Una vez más, a través de la práctica de Amaya Suberviola y su lenguaje característico, reivindicamos la atemporalidad de la pintura y su infinita capacidad de ser ventana hacia nuestras diferentes formas de existir.







February 24 - March 25, 2022



El Chico presents the first individual exhibition in Madrid by Amaya Suberviola (Navarra, 1993).

Amaya Suberviola's work is an exercise in responding to topics from her generation, perhaps more relevant in hers than in previous ones. Amaya is part of a group of painters who, little by little, are becoming the return of painting to its place that intrinsically has never ceased to occupy, but that in recent years has been, in the best of cases,  ignored. It is true that with the wide variety of digital media and facilities, it is easier to make interpretations of reality through other supports in contemporary art, such as video or photography. However, painting –as well as drawing– have a kind of pre-eminence over other practices for the simple fact of being a more immediate exercise (without too many mediators); this pre-eminence can play for and against, since the same freedom that the painter has is proportional to the limitation of the medium. Any digital medium contains reality, which is manipulated by the artist, but painting is a translation into a completely different language: it is the artist who generates that reality. For this reason, Suberviola's painting makes a very relevant and pertinent incision in painting as a representative of our current context.

STP (Sin Título Pantalla/Untitled Screen) is the nomenclature for archiving the screenshots that the artist subsequently selects, tests and finally transfers to the canvas. The game between something as human and visceral as painting and something as technological and aseptic as a digital screen is where Amaya finds her language and the way to understand and develop as an artist. When we face the papers and canvases conforming STP-001, our brain tries to grasp and understand what is in front of it, and this is one of the most precious mechanisms of painting; for Amaya, these works on paper and canvases can well replace the role that painting played a couple of centuries ago, a figure that brought us closer to other realities but in which we always had to suspend our ability to discern that reality: digital screens are our current way of consuming it and STP-001 can be a way to apprehend its margins.

As much as painting can be romanticized, this exercise is not at all romantic, metaphorical or metaphysical; any of those meanings, if they happen, are the responsibility of the viewer. Amaya responds to the technicality of digital media with the same coin, focusing on the technical capabilities of painting to represent a given existence. The interesting thing about this game is the complicity that as viewers we intuit, seeing ourselves represented in those screenshots that overlap each other –as we do on our computers– but that do not show us anything and leave us to our own devices to reflect on how we consume our environment, and if we go a little further, how we understand our own reality.

Once again, through the practice of Amaya Suberviola and her characteristic language, we vindicate the timelessness of painting and its infinite capacity to be a window towards our different ways of existing.